La persona del terapeuta: ¿Quién es el que te escucha?

¿Te has preguntado alguna vez si tu terapeuta tiene una vida más allá del espacio que comparte contigo?

Esa figura que te acompaña en la sesión también cumple otros roles. ¿Qué visión tienes de quien se sienta frente a ti? ¿Será esa persona aparentemente sabia, qué problemas tendrá, qué le gusta? Aunque durante el proceso hayas logrado sacar algunas conclusiones o él mismo haya revelado algunas intimidades, ¿qué tanto sabes de tu copiloto y qué tan valioso es reconocerlo más allá del encuadre profesional?

Dentro de algunas corrientes clínicas, se considera al terapeuta como un «objeto»: alguien que extrae información y retroalimenta lo que escucha, pero que se mantiene como un desconocido. Puedes pasar años dialogando con esta persona sabiendo solo su nombre bajo un concepto rígido de la ética. Sin embargo, el terapeuta no es un objeto; es un sujeto con creencias, juicios y dificultades, exactamente igual que tú.

Negar esto es un error, porque la humanidad del terapeuta permea el vínculo. Lo que tu terapeuta no trabaja en sí mismo, o aquello que no es capaz de poner entre paréntesis, afectará tu proceso. Su postura ante la vida —la forma en la que ve el sufrimiento, la responsabilidad o el amor— será, inevitablemente, la forma en la cual te acompañe.

No somos robots. Lo que traes a consulta nos toca, nos duele y nos moviliza. Este punto es clave: ese «sentir» del terapeuta puede ser un error de la técnica, ¿o no?. No siempre, también puede ser una herramienta porque lo que tú le generas a él es un termómetro de lo que quizás generas afuera; sus emociones son cartas que se pueden poner sobre la mesa que, bien jugadas, van en pro de tu avance.

Esto explica por qué no siempre hacemos match. Existen terapeutas confrontativos, otros más contenedores o amables. Tú conectas con el que mejor se adapte a tu estilo, sabiendo que ninguno está mal, pero que la «química» vincular es la base para tu crecimiento y el avance del proceso.

Si tu terapeuta es hábil con la teoría pero anula el vínculo, el proceso se estanca. Pueden haber muchas intervenciones «correctas», pero si hay desconexión de lo humano, no se transforma. Pero si el terapeuta trabaja en su propia sombra, deja de ser un “un objeto de consultorio” para convertirse en un lugar seguro: un espacio donde puedes ser y decir sin miedo al juicio, con el amor adecuado para ser confrontado y sostenido

¿Has humanizado a tu terapeuta alguna vez? Si tuvieras la oportunidad de conocer qué hay detrás de su rol, ¿qué es lo que realmente te daría curiosidad saber?

¿Te sientes cómodo en el vínculo que has construido hasta hoy?

«Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana». Jung


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